- Estados Unidos paga un precio muy caro por esta guerra: tensiones con los aliados, arsenales vacíos y un prestigio internacional dinamitado
Macarena Vidal Li - Washington - El País
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha presentado el acuerdo de alto el fuego de dos semanas con Irán como un triunfo. Un logro que describe en su estilo característico, con muchas mayúsculas y muchas exclamaciones. Pero, a la espera de ver los resultados que arrojarán las negociaciones en Islamabad, lo conseguido de momento es una tregua de términos pírricos. El gran logro de Washington es abrir un paso marítimo que no estaba cerrado antes de comenzar su ofensiva; por el camino ha ofendido a sus aliados y dinamitado su imagen internacional, ha vaciado sus arsenales de munición y ha puesto en contra a su opinión pública.
En su anuncio, Trump ha planteado la pausa en las hostilidades como una concesión, casi un favor a los mediadores paquistaníes cuando solo faltaba una hora y media para dar la orden de lanzar un ataque masivo contra la infraestructura civil iraní. Un acto de magnanimidad porque —escribía en su red social— “ya hemos cumplido de sobra todos nuestros objetivos militares y estamos muy avanzados en un acuerdo definitivo sobre una paz a largo plazo”.



